Errores poco glamurosos

Una de las cosas que caracteriza a las personas que nos dedicamos a la carrera del diseño, sea cual sea nuestro lugar en él, es la observación, el análisis y la crítica de todo lo que nos rodea. A veces, de manera demasiado habitual, la crítica se nos escapa de las manos y destrozamos, sin ningún reparo, el trabajo de nuestros compañeros de profesión.

 

¡Atención al detalle!

La motivación por la calidad y la atención al detalle se apodera de nosotros y nos convierte en apisonadoras sin piedad.

Cuando hablamos de atención al detalle en diseño gráfico lo primero que se nos viene a la cabeza es el track, la interlínea justa, la elección del papel o del color del hilo con el que queremos encuadernar, el encuadre de las fotografías o el grosor de los filetes. Pero hay unos detalles que no tienen tanto glamour y que muchas veces se pasan por alto. Si no los cuidamos, pueden arruinarnos el resultado final de un proyecto.

 

© Lluc Massaguer

 

¿En qué contexto va a convivir el elemento diseñado, fuera del set limpio y fantástico que hemos creado para fotografiarlo y mostrarlo en nuestra web? ¿Qué va a pasar cuando se haya usado más de dos veces? ¿Cómo va a superar el paso del tiempo?

De hecho, la importancia de cuidar de los detalles está directamente relacionada con la calidad y así se plasma, también, en el ámbito académico. Una de las (muchas) competencias que tiene que adquirir quien estudia una carrera en diseño, es, concretamente, la “Motivación por la calidad, tanto en los planteamientos conceptuales y argumentales, como en la resolución formal y en los detalles del acabado final de un proyecto de diseño.” (competencia transversal CT10 del grado de diseño de EINA).

 

El juicio demoledor

Volvamos a la apisonadora sin piedad. Os propongo poner el freno de mano y aparcarla hasta nuevo aviso. Juzgar el resultado final de un proyecto de diseño es, a menudo, injusto. En la mayoría de los casos no conocemos en qué circunstancias se ha creado ni el periplo que se ha pasado para llegar al resultado que vemos.

Aún así no es aconsejable caer en la caridad en la que se nos intenta ablandar a quienes damos clases de diseño, cuando algún/a estudiante de la carrera nos pide mejor nota porque se ha esforzado mucho. No hace falta llegar a ello. Si el resultado no es satisfactorio, hay que detectarlo, pero no cebarse juzgando a quien lo ha hecho.

Ya que estoy en modo justiciera, aprovecho para romper una lanza en favor de la imprenta (sector al que he pertenecido durante años). Siempre se echa la culpa a la imprenta o a aquel profesional del final del proceso de producción (troqueladores, encuadernadores, aplicadores de vinilos…). No es justo.

A menudo nos preguntamos sobre por qué aquel error garrafal no lo ha detectado el impresor. Y yo pregunto ¿Y por qué no lo ha visto el diseñador/a? Desde la fase de diseño no deberíamos estar tan lejos del usuario, en los tiempos que corren, donde todo el mundo se llena la boca de User Experience, ¿no? Los errores de picaje, de formato, de convivencia con el contexto, etc, también forman parte de la experiencia de usuario… Tienen que ver directamente con que el mensaje se lea o se entienda correctamente.

La imagen que encabeza este texto es un ejemplo de ello. El vinilo se diseñó sin tener en cuenta dónde se aplicaría. Una señal vertical ya ocupaba el espacio antes de aplicar el vinilo, así que se tuvo que sustituir posteriormente, con el sobrecoste que ello conlleva. Es evidente que la persona usuaria tendría algunas pequeñas dificultades para leer el mensaje.

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© Lluc Massaguer

 

¿Por qué? ¿Por qué?

¿Y por qué nos pueden pasar por alto estos errores, a los que me refería al inicio cuando hablaba de los detalles con poco glamour, pero que nos pueden costar mucho dinero?:

  1. Por trabajar con demasiada presión o a un ritmo acelerado. Si no dedicamos el tiempo y la tranquilidad que se merece cada proyecto (sea cual sea su tamaño o importancia) es difícil detectar posibles errores de base, de los que no brillan a simple vista pero que cuando aparecen son demoledores.
  2. Por no tener unos protocolos de revisión y calidad. Siempre recomiendo a mis estudiantes que no sean ellos/as quienes repasen que el texto o el contenido es correcto. Es recomendable que lo hagan otros ojos (que no hayan pasado horas y horas en el proyecto y estén abducidos por él), aunque sea su madre o la vecina de enfrente.
  3. Porque las personas a las que se les ha encargado el proyecto no tienen suficiente experiencia (a menudo recién graduados/as empezando su carrera en diseño con contratos más baratos) y están más centrados en buscar referencias cool, encontrar la tipografía o fotografía más trendy o el copy con más gancho. Lo aprenderán cuando su error “poco glamuroso” cueste a la empresa más de lo que cobran ellos y ellas en un mes.
  4. Porque no hay coordinación entre cada paso del proyecto, desde que se conceptualiza hasta que la última empresa proveedora entrega al cliente final. Por eso es tan importante la figura del Project manager o director/a y gestor/a de proyectos. Un diálogo insuficiente entre cada una de las partes que conforman un proyecto es indispensable para que no quede ningún hilo suelto.
  5. Porque las condiciones de trabajo de quien está llevando el proyecto no son las aceptables. No cuidar a las personas (sueldo, condiciones, ambiente de trabajo, horarios) provoca que no estén a gusto y eso siempre repercute en su proceso de trabajo y, por lo tanto, también en los resultados a los que llegan. Hay que cuidar a las personas. ¡Cuidémonos!

 

© Lluc Massaguer

 

Así que, sigamos detectando, analizando y criticando –siempre de manera constructiva– los errores de diseño, ya que es la base para poder avanzar. Pero seamos amables con nuestros compañeros y compañeras de profesión, porque no sabemos cómo ha sido el camino del proyecto o en qué circunstancias de ha desarrollado.

Sobre el autor/a

Lluc Massaguer

Diseñadora gráfica, docente e investigadora. Doctora en educación y apasionada por todo aquello que tenga que ver con el proceso de producción gráfica. Creadora del blog La Màcula.

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