24—26 Oct. 2024
Vilanova i la Geltrú - Barcelona

El mundo del diseño gráfico está intrínsecamente ligado al lenguaje visual, un campo que Roland Barthes exploró con profundidad en su ensayo seminal «Retórica de la Imagen». Este texto no solo desmenuza la complejidad de las imágenes, sino que también invita a los diseñadores y diseñadoras gráficas a repensar cómo las imágenes comunican mensajes más allá de su apariencia superficial.

“Retórica de la imagen” fue un capítulo de «Elementos de semiología», libro publicado en francés en 1964 por Roland Barthes, crítico, teórico literario, semiólogo y filósofo estructuralista francés, quien se interesó y escribió sobre crítica literaria, lingüística, filosofía del lenguaje, los signos, los símbolos y la fotografía.

 

La imagen y la imitación

Barthes inicia su análisis etimológico, relacionando la palabra «imagen» con «imitar», sugiriendo que toda imagen es una forma de representación o imitación. En el contexto del diseño gráfico, esto plantea una pregunta crucial: ¿Cómo pueden las representaciones visuales ir más allá de la mera imitación para convertirse en vehículos potentes de significado y comunicación?

En el diseño gráfico una imagen no solo muestra una realidad, sino que también transmite ideas, emociones y valores. Utilizamos imágenes para crear una conexión más profunda con el espectador, utilizando elementos visuales no solo para replicar lo que ven, sino para comunicar lo que queremos que sientan o piensen. No estamos hablando sólo de comunicar un mensaje, estamos hablando de persuasión.

La trascendencia de la mera imitación en diseño gráfico implica una comprensión profunda de los elementos visuales como colores, formas, texturas y cómo estos pueden ser combinados para transmitir mensajes más allá de lo obviedad superficial. Por ejemplo, el uso de colores puede evocar emociones específicas, las formas pueden sugerir movimiento o estabilidad, y las texturas pueden aportar una sensación de realismo o fantasía. De ahí que quienes nos dedicamos a esto del diseño, somo responsables de estar continuamente adquiriendo conocimiento, enriqueciendo nuestra cultura visual (no solo de lo que nos atrae, sino también de lo que nos causa rechazo), y de preguntarnos siempre el por qué de las cosas.

En el diseño gráfico contemporáneo, las imágenes se convierten en narrativas. Cada elemento visual es una palabra en un vocabulario más amplio que utilizamos para contar una historia, transmitir una idea o compartir una experiencia. Esta narrativa visual no solo imita, sino que también interpreta y comunica, invitando a los espectadores a una interacción más rica y significativa con el mensaje.

La imagen, en este sentido, se convierte en un lenguaje en sí mismo, capaz de transmitir mensajes complejos y provocar respuestas emocionales profundas.

 

Una escena de ‘Un perro andaluz’ de Luis Buñuel.

 

La semiología de las imágenes

La semiología, o el estudio de los signos, es fundamental en el conocimiento base de cualquier diseñador. Las imágenes no son meras aglutinaciones de símbolos, sino que constituyen, en sí mismas, sistemas de signos complejos. Para el diseño gráfico, esto implica que cada elemento visual no es solo decorativo, sino que también aporta significados intrínsecos y potencialmente poderosos para el mensaje. Del mismo modo que todo lo que se pone en un plato de come, todo lo aparece en una pieza de diseño comunica.

Por ejemplo, el uso de un color específico puede evocar ciertas emociones o asociaciones culturales. Las formas y líneas pueden comunicar diferentes mensajes: las formas redondeadas pueden ser percibidas como más amigables y acogedoras, mientras que las líneas rectas pueden sugerir formalidad y eficiencia. Estos elementos no son seleccionados al azar, sino que son elegidos por su capacidad para transmitir un mensaje específico.

El diseño final es un sistema donde la relación entre los distintos elementos contribuye al significado general del diseño. Si sacamos una parte de ese sistema y el mensaje todavía se lee, es que te sobran cosas. No se trata solo de crear algo visualmente atractivo (A veces pecamos de querer hacer hacerlo), sino de comunicar ideas y conceptos de manera efectiva y significativa. Los diseños más exitosos son aquellos que logran transmitir un mensaje claro y resonante a través de la cuidadosa selección y combinación de elementos visuales.

¿Qué puedes ver en esta imagen? ¿Un guante de boxeo o un presidente escupiendo palabras como puños? Durante la campaña electoral norteamericana circularon por internet miles de fotografías, caricaturas e imágenes simbólicas. Trump en todas partes, en pose de victoria, a menudo como figura de broma. Mientras tanto, su imagen se convirtió en un ícono, suscitando asociaciones de ideas. Entre ellas esta imagen del ilustrador Javier Jaén.

 

 

Significación y analogía en el diseño

El desafío planteado por Roland Barthes sobre la comparación entre la comunicación a través de las imágenes y la comunicación a través del lenguaje escrito o hablado, abre un debate significativo en el campo del diseño. Barthes sugiere que la comunicación a través de la imagen, siendo analógica por naturaleza, posee un potencial comunicativo que puede rivalizar o incluso superar al de las palabras. Esta idea es fundamental para entender cómo los elementos visuales en el diseño gráfico pueden ser utilizados para transmitir mensajes de manera clara y eficaz.

Esta naturaleza de las imágenes permite una riqueza y una sutileza en la comunicación que a menudo no se puede lograr con palabras. Por ejemplo, una sola imagen puede evocar una gama de emociones y pensamientos, algo que podría requerir un extenso texto para explicar de manera equivalente. El desafío reside en cómo articular visualmente estos elementos para transmitir un mensaje específico. Esto implica no solo la selección de imágenes, colores y formas, sino también su composición y relación entre las partes con el todo. Esto significa crear composiciones que no solo sean estéticamente atractivas, sino que también sean claras y comprensibles para el receptor del mensaje.

Esto es especialmente valioso en un contexto globalizado, donde el diseño gráfico a menudo necesita comunicarse a través de fronteras culturales y lingüísticas.

 

«Muro del Inmigrante» de Coco Cerrella

 

La imagen como sistema de signos

En el diseño, cada imagen es un compendio de signos y símbolos. Barthes nos insta a ver más allá de la superficie para descifrar estos signos. Nuestra tarea es orquestar estos signos de manera que comuniquen el mensaje deseado de forma coherente y atractiva. Pero para lograrlo debemos poder tener la capacidad no solo de adquirir conocimiento, sino de entrenar nuestra capacidad de entendimiento ¿Cómo? preguntándonos las cosas, cuestionándolo todo.

Un diseño no solo debe ser visualmente atractivo (necesario si buscamos persuadir al receptor), sino que también debe transmitir el mensaje deseado de manera clara y directa. Esto requiere una comprensión detallada del público objetivo y del contexto en el que se recibirá el mensaje. Al igual que un escritor elige y combina palabras para contar una historia, un diseñador gráfico selecciona y organiza signos visuales para crear una narrativa. Esta narrativa debe ser coherente, capturar la atención del espectador y, lo más importante, transmitir el mensaje deseado de manera efectiva.

 

 

Relevancia contemporánea

La obra de Barthes sigue siendo relevante hoy en día. En un mundo saturado de imágenes, entender la «retórica de la imagen» es crucial para nuestro trabajo. Nos enseña a entrenar nuestra capacidad de pensamiento crítico y a ser conscientes de los mensajes que como espectadores nos llegan desde todas partes. Porque para crear y generar mensajes que persuadan e influencien en las decisiones de los demás, primero tenemos que ser capaces de poder identificar y leer la retórica oculta en los mensajes que intentan cambiarnos a nosotros.

 

Si te interesa saber más, te dejamos aquí el capítulo completo de “Retórica de la imagen” del libro «Elementos de semiología».

 

Sobre el autor/a

Redacción Blanc!

“No trates de doblar la cuchara. Es imposible. En lugar de hacerlo, solo intenta darte cuenta de la verdad… No hay cuchara. Entonces, verás que no es la cuchara lo que se dobla, te doblas tú”

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